Sabiduría de la India

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LA MIRADA DE UN PERIODISTA

Anindita cautivó a los tucumanos

Anindita Nanda, embajadora de la danza clásica de la India, hizo que el público siguiera en un estado de atención casi hipnótico sus movimientos con notable expectación.

Con un sari morado, con guardas, rasgos típicos y fino perfil, y de piel oscura, Anindita Nanda salió al improvisado escenario del Centro de Yoga del maestro Ananta Singh. Inició su característico baile Odissi, una danza de Odisha, un estado situado en la costa este de la India, en la Bahía de Bengala.

Pulseras en sus leves pies descalzos, con cascabeles, pintados como si fueran unas zapatillitas rojas. Tres horas le lleva alistar su salida al escenario.

El entorno de sus ojos muy marcados de negro le resalta su mirada fuerte y expresiva que también baila. Se mueven tanto como sus manos. A los 37 años esta bioquímica e investigadora india -que desde hace 16 años vive en Connecticut, Estados Unidos- se ha convertido en una embajadora de la danza clásica de la India y  de música vocal.

En este tributo a sus dioses despliega un lenguaje corporal donde parece que se moviera dentro del agua. Sus manos son alas en cámara lenta. Divide su cuerpo en tres puntos de quiebre. El movimiento independiente de la cabeza, pecho y pelvis, construye una armonía pacificadora.

Entre sus ojos brilla un bindi rojo rubí característico, sus aros que cubren las orejas y del que penden escobillas ágiles. Su pelo recogido y por atrás aparece una trenza larga y negra como su pelo.

La música son esos relajadores ritmos de timbales, flautas y címbalos que llevan paz: fue un tributo a la tierra.

Después de esta primera danza sonaron temas más vivaces que se caracterizaron por la fuerte expresividad de sus pies. El público en un estado de atención casi hipnótico seguía sus movimientos con notable expectación. Incluso el ritmo era tan marcado que el público lo seguía con las palmas.

Estas danzas que datan del siglo II de la era cristiana están expresadas con vehemencia por Anindita y rinden culto a deidades de su pueblo. Cuando el Imperio Británico tenía a la India como colonia, estaba prohibida. La independencia la restituyó para siempre y se esparció por el mundo.

El equilibrio con que danza, la serenidad de sus manos en cuyo reverso tenía un círculo rojo y que representan modos de loar deidades. En pasajes de su bailar representó parte de la vida de Shiva y la adoración que a Él se le hace.

Se casó con un paisano y por razones laborales cambiaron de suelo. Hoy tiene un hijo 9 años y varios reconocimientos por su aporte a la cultura de su tierra. Anindita en su inglés con acento indio por medio de su traductora hizo saber al público que había sentido una vibración especial que no la había percibido en ninguna de sus otras presentaciones hechas en la Argentina. Cuando junta sus manos y baja la cabeza su Ser saluda al otro Ser que habita en el cuerpo de su prójimo. Es el Namaste, el saludo espiritual de su país natal.

Por Félix Mothe

Nota publicada en el portal de noticias primerafuente.com.ar
 

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